13.12.16

A solas

Me encanta salir a caminar de noche, vestirme en total desarmonía (porque las ojotas combinan con todo), ponerme la música al palo y creerme en un videoclip, incluso cantar cuando creo que nadie me está mirando. Escabullirme en la oscuridad y que el ruido del viento sea mi único acompañante. Bueno, a veces también viene mi perro… Pero cuando salgo sola camino al ritmo que quiero, corro, salto, pateo y grito si así lo prefiero. No hay nadie por quien deba comportarme como un ser humano más. Como cuando me quedo sola en casa, que le hablo a los aparatos y los personajes de las series pasan a ser mis mejores amigos.



Y doy mil vueltas y repito el exacto recorrido que hicimos la última vez que caminamos juntos, y paso una y mil veces por la misma esquina, esperando cambiar el destino tal vez.
Tal vez no, pero razonarlo de manera distinta, entender algo nuevo. No sé por qué hago estas cosas, y ahí es cuando entra y me persigue la duda obsesiva. Pensar y pensar y pensar un poco más.
Buscar tu mirada en todas las miradas que pasan. Esconderme en la capucha de mi buzo para que no me encuentres. Fantasear con la idea de qué pasaría si lo hicieras.

Entender que no va a suceder por más de que esté escuchando una canción que así lo indique. Entender que no estoy en un videoclip. Ni en una película. Ni en tu corazón. Ya no.




Tunel en Berlín, Alemania

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